Lanzadera se ha convertido en una de las mayores fábricas de startups de España. Pero, trece años después de su nacimiento, la pregunta incómoda ya no es cuántas empresas han pasado por sus instalaciones, sino cuántas continúan operando cuando termina el programa, desaparecen los mentores y comienza la verdadera prueba del mercado.
Desde su creación en 2013, más de 1.700 empresas han pasado por Lanzadera, la aceleradora impulsada por Juan Roig dentro de Marina de Empresas, en Valencia. Solo durante los últimos ejercicios, el programa ha elevado su capacidad hasta incorporar entre 250 y 300 proyectos anuales.
La dimensión alcanzada convierte a Lanzadera en un extraordinario laboratorio para analizar la realidad del emprendimiento español. En sus instalaciones han convivido empresas que posteriormente construyeron negocios relevantes, proyectos que fueron adquiridos, compañías que cambiaron completamente de actividad y startups que sencillamente dejaron de existir.
La respuesta corta: aproximadamente siete de cada diez
La información pública más reciente sitúa en un 70% la supervivencia de las startups de Lanzadera cinco años después de participar en el programa. El dato fue comunicado en 2026 por Marta Nogueras, directora general de la aceleradora, y recogido por Emprendedores, Valencia Plaza y otros medios.
- Aproximadamente 70 de cada 100 empresas continúan activas.
- Alrededor de 30 de cada 100 han cerrado, cesado su actividad o dejado de operar como proyecto independiente.
- Lanzadera presenta una supervivencia claramente superior a la atribuida al emprendimiento que crece fuera de una aceleradora.
Si se aplicara mecánicamente ese porcentaje a las más de 1.700 empresas que han pasado por Lanzadera, el resultado orientativo sería de unas 1.190 supervivientes y alrededor de 510 proyectos desaparecidos o inactivos.
La estimación de 1.190 empresas activas es una extrapolación, no un censo auditado. Muchas de las compañías incorporadas recientemente todavía no han cumplido cinco años.
No existe un contador público de empresas vivas y muertas
El directorio oficial de Lanzadera reúne proyectos de diferentes promociones, sectores y modelos de negocio, pero no ofrece un fichero público que clasifique cada compañía como activa, cerrada, adquirida, fusionada o transformada.
Que la página de una startup desaparezca no demuestra necesariamente que haya fracasado. La empresa puede haber cambiado de nombre, pivotado hacia otro producto, sido absorbida por otra compañía o vendido sus activos. Del mismo modo, conservar una web o una sociedad inscrita tampoco demuestra que exista un negocio verdaderamente activo.
Un estudio individual y definitivo de las 1.700 compañías necesitaría cruzar el Registro Mercantil, cuentas depositadas, empleo, actividad comercial, productos disponibles, cambios de denominación, adquisiciones, concursos y liquidaciones. Sin acceso homogéneo a esos datos, cualquier cifra presentada como exacta ofrecería una precisión que las fuentes públicas no permiten sostener.
El error de confundir una adquisición con una muerte
Algunos de los casos más conocidos de Lanzadera demuestran por qué la supervivencia no puede medirse comprobando únicamente si la startup original conserva su independencia.
Gana Energía, acelerada por Lanzadera y posteriormente participada por Angels, fue adquirida por Repsol en 2021. No desapareció por falta de mercado: protagonizó una operación corporativa que permitió a sus inversores materializar un exit.
Codigames también se convirtió en uno de los casos emblemáticos del ecosistema. Sus fundadores recompraron la participación de Angels en una operación considerada extraordinaria por la propia sociedad de inversión.
Una aceleradora no debe evaluarse exclusivamente por el número de marcas que permanecen intactas. También debe medirse por las empresas vendidas, los equipos que crean nuevos proyectos, el empleo generado, el conocimiento acumulado y el capital devuelto a los inversores.
¿Ha fracasado entonces el 30%?
No necesariamente. Una compañía puede cerrar y, aun así, haber producido tecnología reutilizable, talento o experiencia para levantar una empresa mejor. Pero tampoco conviene romantizar cada cierre.
- No existe suficiente demanda real.
- El coste de adquirir clientes supera el margen generado.
- La empresa crece sin alcanzar rentabilidad.
- El equipo fundador se rompe.
- Se termina la financiación antes de validar el modelo.
- El proyecto desarrolla un producto atractivo que nadie está dispuesto a pagar.
Lanzadera puede acelerar el aprendizaje, facilitar contactos y reducir errores, pero no puede sustituir al cliente. Ningún programa elimina la selección natural del mercado.
El dato verdaderamente sorprendente
La noticia no es que alrededor del 30% de las startups maduras de Lanzadera deje de estar activo. En un sector definido por la incertidumbre y la mortalidad empresarial, lo verdaderamente relevante es que aproximadamente un 70% llegue vivo al quinto año.
La propia dirección de Lanzadera contrapone este porcentaje con una supervivencia del 20% entre los negocios que no han pasado por programas de aceleración. La comparación debe interpretarse con prudencia, porque una aceleradora selecciona previamente a sus participantes y no trabaja con una muestra aleatoria de nuevas empresas.
Existe un importante efecto de selección: Lanzadera recibe alrededor de mil candidaturas por convocatoria y escoge proyectos con dedicación completa, experiencia, formación, ambición y capacidad de autocrítica. No todo el mérito de la supervivencia puede atribuirse al programa; una parte procede de haber elegido empresas con mejores condiciones iniciales.
Lanzadera ya no acelera únicamente ideas
La organización reconoce que actualmente recibe empresas más maduras, muchas con facturación, empleados, proveedores e inversores. En estos casos, Lanzadera no parte de una presentación y una idea por validar, sino de un negocio que ya ha demostrado señales de mercado.
Por ello, la cifra agregada del 70% debería complementarse en el futuro con información desglosada por año de entrada, madurez inicial, sector, facturación, capital captado, empleo, adquisiciones y supervivencia a tres, cinco y diez años.
La gran conclusión: Lanzadera no es una fábrica de unicornios
El impacto de Lanzadera no debería medirse preguntando cuántos unicornios ha creado. Esa métrica convierte cualquier ecosistema en una lotería y relega cientos de empresas sostenibles a la categoría de fracasos por no alcanzar una valoración de mil millones.
Su aportación más relevante parece estar en otro lugar: aumentar la probabilidad de que un proyecto se convierta en una empresa real.
No todas las compañías que pasan por Lanzadera crecerán internacionalmente. Algunas serán adquiridas, otras se convertirán en pymes rentables, algunas pivotarán y cientos terminarán cerrando. Esa mortalidad no invalida el programa; forma parte del emprendimiento.
Pero tampoco debe utilizarse la marca Lanzadera como certificado automático de viabilidad. Haber sido seleccionado indica que un proyecto superó un filtro y recibió acompañamiento. No garantiza que exista un mercado, que sus cuentas sean sostenibles o que sus inversores recuperen el dinero.
Veredicto
Con la información disponible en octubre de 2026, más de 1.700 startups han pasado por Lanzadera y alrededor del 70% de las empresas observables continúa activo cinco años después. Los datos no permiten sostener que la mayoría haya muerto.
La estimación orientativa es de siete supervivientes por cada diez proyectos maduros, aunque no existe un censo público y auditado que permita dar una cifra exacta para todo el porfolio.
La gran historia no es un cementerio de startups financiado por Juan Roig. La historia es que, incluso dentro de uno de los entornos de aceleración más reconocidos de España, tres de cada diez proyectos no superan los primeros cinco años.



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